Para mí, la música nunca fue un hobby. Fue una necesidad. Una forma de no reventar por dentro cuando la vida apretaba. Una manera de hablar cuando no sabía cómo decir lo que sentía. Desde que tengo memoria, la música ha sido ese lugar donde me puedo desahogar sin pedir permiso.
Hay quienes ven la música como entretenimiento. Yo la veo como salvación. Como protesta. Como diario íntimo. Como terapia sin cita previa.
Cuando escribo, no escribo solo rimas. Escribo lo que me duele. Lo que me quema. Lo que callé por años. Lo que me hubiera gustado decirle a alguien. O a mí mismo. Por eso cada canción tiene una parte mía, aunque no lleve mi nombre en la historia.
La música me acompañó cuando estuve solo. Me abrazó cuando nadie entendía. Me recordó que estaba vivo cuando todo se sentía muerto. Me salvó más de una vez.
Hoy, con todo lo que he vivido, entiendo que la música no es algo que hago. Es algo que soy.
Y si tú también encontraste en ella una salida, un alivio o una razón para seguir… entonces ya sabes de qué hablo.