Nadie habla de eso. De los días donde no quieres componer, ni cantar, ni siquiera escuchar música. Donde te preguntas si todo el esfuerzo vale la pena. Donde el escenario parece lejos, y la vida se vuelve ruido.
Yo pasé por eso. Varias veces.
Hubo momentos donde sentí que estaba perdiendo el rumbo. Que mi voz ya no importaba. Que por más que escribiera o grabara, no iba a llegar a ningún lado. Dudas, frustración, cansancio, hambre… y miedo. Miedo a no ser suficiente. Miedo a fallarle a quienes creían en mí. Miedo a convertirme en uno más que lo intentó y se rindió.
La música siempre fue mi refugio, pero en esos momentos oscuros, se sentía más como una carga. Como si ya no tuviera nada que decir. Como si todo lo que hacía se quedara en el vacío.
Pensé en dejarlo. En buscar algo más “estable”. En dedicarme a algo que no me hiciera cuestionarme tanto. Algo que no exigiera tanto del alma.
Pero justo cuando estaba por soltar la guitarra, llegaron los recuerdos.
Recordé el día que toqué por primera vez frente a gente. El nudo en la garganta, la emoción de escuchar un aplauso. Recordé las letras que escribí con lágrimas, con rabia, con amor. Recordé los mensajes de personas que me dijeron: “tu canción me ayudó”. Recordé al niño que soñaba con un escenario. Al joven que componía en silencio. Al hombre que sigue aquí, peleando por lo que ama.
Y entendí algo que me marcó: no se trata solo de mí. Se trata de lo que represento. De lo que puedo provocar en otros. De lo que la música puede hacer cuando es sincera.
Así que no dejé la música. Ni la voy a dejar. Porque aunque a veces duela, aunque a veces parezca que no avanza, aunque el camino sea largo, vale la pena.
Vale la pena por cada canción que aún no he escrito.
Por cada historia que necesita ser contada.
Por cada persona que escucha y siente que no está sola.
Si tú estás pasando por un momento donde dudas, donde quieres dejarlo todo, solo quiero decirte esto: aguanta un poco más. No te rindas aún. A veces, cuando estás a punto de rendirte, es cuando estás más cerca de encontrar tu voz de verdad.
Yo estuve ahí. Y volví.
Y quizás este post sea el empujón que necesitabas para no soltar lo que amas.