Elegí empezar mi camino musical con una canción que no habla de mí, sino de ellas. De las que ya no están. De las que gritan y nadie escucha. De las que caminan con miedo mientras otros caminan con impunidad. La Antorcha no es solo una canción. Es una denuncia encendida. Un manifiesto lírico escrito con rabia, impotencia y dolor frente a la violencia contra las mujeres.
Desde hace años, todos vemos las noticias. Mujeres desaparecidas, cuerpos abandonados, familias destruidas, investigaciones que nunca avanzan. Y lo peor: nos estamos acostumbrando. La indignación dura 24 horas en redes. Luego se apaga. Y yo me niego a aceptar eso. Me niego a dejar de sentir. Por eso, escribí “La Antorcha”.
Esta canción está llena de imágenes duras, reales, violentas. No está pensada para sonar en la radio, ni para complacer. Está pensada para despertar. Para incomodar. Para que quien la escuche no pueda mirar a otro lado.
Cuando la escribí, no pensaba en el estilo, ni en el ritmo. Solo escribía lo que me quemaba por dentro: la rabia que siento cada vez que leo el caso de una mujer violada, desaparecida, asesinada. Cada vez que escucho justificaciones absurdas sobre su ropa, su actitud, su forma de vivir. Cada vez que las víctimas se vuelven culpables y los agresores caminan libres.
La letra está llena de dolor. Pero también de fuego. De justicia. De hartazgo. Porque ya no basta con compartir una historia o dar un like. Ya no basta con lamentarse. Hay que alzar la voz. Hay que convertir la música en arma.
Sé que es una canción fuerte. Sé que incomoda. Pero la violencia que viven las mujeres todos los días es mucho más brutal que cualquier verso que yo pueda escribir. Y si esta canción sirve para que alguien reaccione, aunque sea uno solo, entonces ya cumplió su función.
No me interesa sonar correcto. Me interesa sonar verdadero. Me interesa que sepan que desde este lado también estamos hartos. Que no todos los hombres miramos para otro lado. Que también lloramos por ellas. Que también queremos justicia. Que también cargamos la rabia de sus muertes.
“La Antorcha” es mi forma de decir: ya basta. No con discursos vacíos, sino con un mensaje directo. Un mensaje crudo. Sin metáforas. Sin adornos. Porque así de cruda es la realidad.
Si estás leyendo esto y te duele la violencia que ves, si te enciende la sangre cada vez que ves un caso más sin resolver, no te quedes en silencio. Comparte. Habla. Cuestiona. Defiende. Y no dejes que esa antorcha se apague.
Yo empecé mi camino como artista con una canción que no habla de mí. Habla de ellas. Porque ellas merecen que no las olvidemos.